Imaginemos lo siguiente: una bolsa descansa inerte sobre el suelo, lo único que desea es que alguna mano piadosa se apiade de ella y la eche a la basura para así terminar con su sufrida existencia. La gente pasa y pasa a su lado y nadie se percata de su presencia.
La bolsa comienza a recordar todo lo que llevó a cuestas, cuánta cosa depositaron dentro de ella y el esfuerzo que siempre hizo para no romperse. Alcanza, también, a recordar las manos que la llevaron consigo, algunas de piel limpia, otras sucias y putrefactas.
La bolsa pierde la esperanza, ya no le queda más que aguardar a que alguna mano la levante de su lecho y la deposite en la muerte segura. Pero de pronto el viento comienza a soplar y la bolsa se levanta de la superficie, ni el cielo es su límite. Se alza sobre los edificios que alguna vez le dieron sombra, se alza sobre las aves que solían jactarse de volar más allá de lo que ella podía ver.
La bolsa, ahora, volaba más allá de lo que alguna vez había imaginado.
Se podrá decir mucho, podrán nacer muchas interrogantes que pongan en duda todo lo explayado, todo lo que se siente y todo lo que se vive en cualquier aspecto. Cualquiera.
Pero ¿qué más da volar si te preocuparás siempre de la caída? Hay que preocuparse de volar, de volar firme y de no caer, y si el viento amaina de soportar el descenso porque el viento no se acaba, el viento es invisible, el viento se siente, el viento hace volar cualquier cosa si lo deseamos, el viento volverá y te elevará de nuevo.
Al infinito y más allá, como dijo Buzz Lightyear.
domingo 14 de agosto de 2011
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1 comentarios:
Las pobres bolsas que siguen degradándose con el tiempo, algunas en siglos y otras en cuestión de meses cuando están preparadas para que se autoreciclen con la luz solar.
También existe quien guarda bolsas pequeñas y quien se divierte rasgándolas o haciéndolas explotar cuando las llenan de aire en un pequeño espacio y las aplastan, qué haríamos sin las bolsas.
Habrá alguna vez una bolsa capaz de llevar a un humano consigo asido y mostrarle su viaje por el cielo y su ligereza viva ante el viento? Y si después nunca quisiera bajar más? TAl vez sería oportuno verlo todo desde ahí envuelto en el viento y la luz para luego hacer lo propio en la tierra.
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